Una fría noche de diciembre y lo único que me apetece hacer es escribir lo que no me atrevo a decirte, así que lo escribiré en forma de nota, para al menos quedarme agusto conmigo misma, porque siento que si no lo hago voy a explotar ¿y sabes por qué? Porque me muero de ganas por decirte lo mucho que te necesito, lo mucho que necesito una sonrisa tuya, un abrazo, un beso, un ''no te preocupes nena que todo va a salir bien''. Me muero de ganas por decirte lo que siento, por expresarte mis sentimientos, en cambio, aquí me tienes, tragándome cada uno de esos pensamientos, porque solo soy ''una cobarde disfrazada de valiente'' que pensaba que podía conquistarte, que locura enano.

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sábado, 25 de agosto de 2012

''Y dentro de años querrás volver a este momento y en este momento tan solo quieres huir''.

La etapa de la adolescencia cuando vas cambiando, realmente te pones a mirar atrás, a intentar recordar quien eras antes y tienes que ayudarte de fotos para hacerlo. Todo el mundo cambia, todo se acaba y todo vuelva a empezar, así sin más. Miras atrás y ves cuanta gente se queda a la mitad de tu camino y las pocas que ahora te acompañan, pierdes, ganas, ganas, pierdes, tienes la sensación de quedarte estancada cuando realmente estas avanzando.
Un tic tac te acompaña, un tic tac que se hace recordar en los malos momentos, se hace lento, a diferencia de los buenos, que pasa demasiado rápido, cuando conoces a tu ''primer amor'' ese que sabes que va a marcar tu vida para siempre, tu primer beso, el primer abrazo y la primera mirada con sentimiento, las locuras, las ganas de vivir la vida, las ganas de verle sonreír, de despertarle a besos, de emborracharte, de planear cosas estúpidas con tus amigas, de ocultarle cosa a los padres, de pensar en un futuro y agobiarte. La edad en que no te das cuenta del todo de las cosas, porque vas a la ligera, tus sentimientos estan empezando a latir, cuando lo ves, cuando te dice que no pasa nada, que él está contigo y tú ries, ries porque es lo único que te apetece en ese momento.



lunes, 13 de agosto de 2012

Confiar en la gente, confiar en determinadas personas, sobretodo en una, estar seguro 100% de que esa persona nunca te dejará, nunca te fallará, y cuando lo hace, te duele, no hay nada peor que confiar en alguien, dar la cara por esa persona una y otra vez, sin cansarte y ver que lo hiciste para nada, que te chocaste, que en realidad a esa persona no le importabas, era una simple piedra más. Tener que encontrarte a esa persona, y mirarla a los ojos, preguntarte como aún puede tener el valor de devolverte la mirada, de decirte en tu cara que te echa de menos, que está arrepentida de todo lo que pasó ¿acaso no se da cuenta de que te está haciendo daño? y piensas, reflexionas, te das cuentas de que han sido muchos momentos vividos, una oportunidad más, una menos, y lo intentas, lo intentas de nuevo, sin darte cuenta de que es en vano, que no hay confianza, dudas de cada cosa que dice, y así no se puede, ya nada es lo de antes, pero te ciegas, lo intentas, lo sigues intentando, te duele, pero no importa, esa persona es verdaderamente importante para ti. Hasta que te cansas, te estás haciendo daño tú misma y te das cuenta de que además estás perdiendo el tiempo, de que si verdaderamente tú le hubieses importado no te hubiese vuelto a fallar una segunda vez, y dices hasta aquí he llegado, tal vez mañana te arrepientas porque pienses que deberías de haber seguido un poco más, pero no es cierto. Nadie tiene derecho a fallarte una vez, y menos dos, tú tienes que ver si merece la pena, pero quien merece la pena no te hará pasarlo mal, quien merezca la pena y te quiera de verdad te ahorrará cualquier minuto de sufrimiento.